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domingo, 19 de abril de 2009

Mi madre ha muerto

Mi madre ha muerto. Falleció el 2 de abril de 2009.

Es fácil decirlo, pero yo aun no acabo de entenderlo, de asimilarlo.

La madre es la eterna compañera, está siempre ahí, al alcance de la mano, siempre lista para todo lo que necesiten sus hijos, su único hijo en mi caso. Dispuesta a dar amor, consejos, reproches, guía a quién siempre vió como su pequeño, congelado en sus cinco, tal vez diez años.

Mi madre llegó a la Ciudad de México muy pequeña, huyendo de la pobreza de oportunidades que había en su entonces bello pueblo natal: Huixquilucan, cabecera del municipio que lleva el mismo nombre y que ahora alberga una de las zonas más exclusivas de la metrópoli.

Escasa de estudios, pero no de imaginación, no tuvo demasiados problemas para mantenerme hasta que completé mis estudios de licenciatura.

Liberal, no en la teoria sino en la práctica. Muy pocas reglas me impuso. Alegre, sonriente, conversadora.

Su religión era la católica pero nunca tuvo empacho en asistir a templos espiritistas, curanderos, brujos, escuchar a los testigos de Jeovhá o poner atención a los cristianos.

En los últimos años su fe, su confianza, la depositó en San Judas Tadeo y la Santa Muerte.

Murió después de mes y medio de enfermedades respiratorias (el cigarro fue su eterno compañero), médicos, hospitales y un tanque de oxígeno que la acompañó en su recámara por casi dos semanas.

Creo que su muerte no fué trágica, ni demasiado dolorosa, ni inesperada: se nos fue muriendo poco a poco, perdiendo paulatinamente la conciencia de lo que pasaba a su alrededor: las fechas, el lugar en dónde estaba, quién la había visitado esa misma mañana, incluso la forma en que había llegado a esa situación, lo cual me preguntaba en sus cada vez más raros ratos de lucidez.

Mi madre fue cremada, tal como ella lo había indicado en vida.

Sirva este texo como el epitafio que no cabría en su lápida.

Descanse en paz.

Jueves 16 de abril de 2009
Hoy llegué a mi departamento y tuve una deseo curioso pero no extraño: el deseo de saber de mi madre.

Sentí el deseo de levantar el teléfono y marcar a algún lugar, en dónde seguro debe estar, y preguntarle, con mucho amor

- ¡Madre! ¿cómo estás?

Si, me hubiera gustado despedirme de ella una vez más, esta vez con la esperanza de que tuviera conciencia de lo que le sucedió, no esa forma tan lenta de alejarse de la realidad, de nosotros, de mi, de su propia existencia.

Quisiera oir de sus propios labios que su salida de este mundo no fue tan terrible como ella temía. Que sintió el gran amor que le tuvimos todos los que estuvimos con ella durante esos álgidos dias. Que valió la pena vivir. Que sabe lo mucho que le debo, además de la vida misma.

Madre, deseo que sigas sonriendo hasta el fin del universo.

viernes, 16 de enero de 2009

Guanajuaticen a su reverenda ...

La bronca no es que Felipe El Breve sea católico, cada quien sus supersticiones, pero que con la investidura de Presidente de mi país, aunque sea espurio, hable en una reunión claramente religiosa me hincha las pelotas.

Que vaya a misa en lo oscurito, que deje su limosna y que le pida a su diós por su familia es muy su cuento; pero que a nombre de sus representados unaugure una reunión que incluso va a contracorriente de la sociedad ya es asunto público que no deberíamos permitir.

¡Si Juárez no hubiera muerto!

Helguera, en la Jornada, es contundente:

Felipe El Breve

35,000 visitas

El 3 de octubre de 2008 ya habían caído en la telaraña 30,000 incautos.

Apenas 3 meses depués se suman otros 5,000.

A tropezones he podido seguir manteniendo este blog que, me han dicho y con razón, ha tomado un fuerte tinte erótico. ¡Qué le voy a hacer, es lo que las musas me han sugerido en estos meses!.

Gracias

viernes, 3 de octubre de 2008

30,000 visitantes

El 27 de mayo festejaba las 25,000 visitas.

Hasta ahora, 5 meses después, han llegado cinco mil despistados más.

Gracias, sobre todo a los que han regresado.

Pues aquí seguiremos en esta sesión terapéutica, masiva y cuasi literaria.

dalton

martes, 12 de agosto de 2008

Enrique Loubet Jr., Mauricio-José Schwarz y yo

Hoy, en un mail a la lista PCM, Mauricio, el Noc para los cuates, escribió:


Algo olvidado mi blog "El alumo más pequeño de Guillermo Prieto", hice esta entrada para aumentar la presencia en la red de Enrique Loubet Jr., gran periodista, excelente amigo y personaje extraño y detestable, todo al mismo tiempo, y muchas cosas más.

Por alguna causa, desde la lejanía hoy busqué el nombre de Enrique en Internet, y me vine a enterar de que había fallecido en enero de este año. No me extrañé, había vivido muchos años y a una velocidad vertiginosa. Busqué luego una foto en la red para darlo a conocer a mi entorno actual, y descubrí con tristeza que no había ni una, o al menos no la encontré después de una larga búsqueda.

Quizá eso es lo correcto para un personaje más adecuado para las tertulias literarias del Madrid de 1920 y los saraos culturales de los años 40 en la ciudad de México que para un siglo XXI de Internet y teléfonos celulares. Enrique abominaba de la grabadora, y trabajó siempre con bolígrafo y libreta o, a falta de ésta, cuartillas dobladas en cuatro, su aguda mirada y, sin duda, su estilo singularísimo de vida y periodismo.

Conocí a Enrique Loubet cuando sustituyó al maestro Edmundo Valadés en la sección cultural de Excélsior (cuando aún era un gran periódico). El maestro Valadés me abrió las puertas del diario y de su legendaria revista El Cuento, marcando mi vida periodística y literaria, y me pidió que me quedara yo en Excélsior cuando él se marchó.

Fue Mario Méndez Acosta, compañero de mil batallas, quien me llevó al edificio adjunto a la sede del diario, a la oficina de Revista de revistas, para que conociera al nuevo director de la sección, Enrique Loubet Jr. A mí me preocupaba mi columna, "Circuito impreso", porque era mi tribuna única, pero un atrabiliario caballero de bigotes alacranados de estilo antiguo, largo pelo blanco, fieros ojos tras las gafas y voz rotunda me exigió que, para seguir en la Sección Cultural, tenía yo que escribir también para Revista de revistas, la publicación madre de la casa Excélsior y, probablemente, el último gran amor de su último director. Loubet sonaba atrabiliario y descontrolado, hasta que propuso bajar al bar Ambassadeurs a tomar una copa. Ya aprendería yo que Enrique sabía lo imponente que resultaba y le divertía parecer un ogro para luego mostrar su lado amable, pero que en general era inofensivo.

La entrega de las colaboraciones, las copas en la cantina "Reforma", en el "Amba" o en algún otro lugar al que había que ir porque yo no usaba corbata (para enfado de Loubet) y en el "Amba" era obligatoria, se sumaron a las comidas en establecimientos que iban desde taquerías callejeras hasta el restaurante del gastrónomo Luis Marcet, las tardes en el remozado y rescatado hipódromo, las noches en el frontón México, las conversaciones interminables. Enrique me propuso ser redactor de la revista, yo acepté de medio tiempo, para no depender del periodismo cosa que, en aquél entonces al menos, condenaba al reportero a la dependencia de los "favores" gubernamentales, a la corrupción, en una palabra. Los salarios del periódico eran irrisorios, pero la directiva sabía perfectamente que serían complementados por las relaciones políticas del reportero y las comisiones propias de la publicidad que consiguiera. No fui nombrado jefe de redacción, me enteré meses después, porque a ojos de Enrique yo era "comunista", lo cual le preocupaba en exceso.

(Un reportero cobraba el "sobre" semanal del cohecho preventivo de su fuente gubernamental o paraoficial, más comisión sobre la publicidad que esa fuente, dependencia o secretaría comprara en el periódico o sus publicaciones. Y esto no ocurría sólo en Excélsior, era una norma con pocas excepciones en esos tiempos. Como simple redactor de Revista de revistas, una dependencia del gobierno del DF me ofreció "sobres semanales" que efectivamente me cuadruplicaban el sueldo. Mi negativa a aceptarlos no fue bien recibida y se vio como prueba adicional de mi falta de adhesión al régimen.)

Era en política donde chocábamos más, aunque Enrique podía montar en cólera por asuntos de fútbol, de mujeres o de geografía, daba igual. Enrique se consideraba un conservador "al estilo inglés", con un dejo de monarquismo exacerbado muy al modo de Dalí, que era, sólo Enrique sabía en qué proporción, parte sincero, parte provocador, parte rebelde contra las cosas contra las que por lo demás no hablaba nunca. Esto chocaba con su pasado como refugiado en México de la Guerra Civil Española, que no negaba, por el contrario lo consideraba lucha contra el fascismo y él, como conservador caballero inglés (nacido en Bilbao), abominaba del fascismo, exactamente como Churchill, al que citaba con frecuencia.

Enrique era entrañable aunque a veces hiciera difícil quererlo. Porque cuando no hablábamos de política el universo entero era su espacio. Hablaba de ciencia con conocimiento, habiendo dirigido la revista "Comunidad CONACyT", del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología del gobierno mexicano. Hablar de literatura con él era delicioso. En el mundo del toro coincidíamos hasta las lágrimas por la pasión que teníamos ambos y que yo conservo por esa fiesta (tan fuera de tiempo como el propio Enrique), por nuestra convicción de que el toro era el centro del tema. Nos divertimos como nunca cuando hicimos una serie de revistas sobre la temporada de la Plaza México. Hicimos una historia de la Guerra Civil Española en una larga serie de números consecutivos de la revista, que nos permitió conocer el lado tenuemente socialista de Loubet, que ocultaba rápidamente llamándonos a todos "rojetes y reojetes". Compartimos el 75 aniversario de Revista de revistas, por entonces decana del periodismo mexicano. Compartimos el terremoto de septiembre de 1985 y lo reporteamos en la revista con un aseo que aún hoy me enorgullece. Y discutimos, gritamos y bebimos.

Quizá lo que mejor pinta a Enrique es que siempre mantuvo las puertas de la revista abiertas a los aspirantes a periodistas (estudiantes o no) que pedían "una oportunidad". Nunca un joven aspirante salió de la revista sin una orden de trabajo improvisada por Enrique sobre los miles de temas que dominaba. Y lo que define sus rasgos como en un retrato de Goya es la ocasión en que, puesto a corregir el artículo de una pareja de estos jóvenes en una mesa del Ambassadeurs, se enfureció con un error de los redactores y atacó las hojas con sus marcadores de colores, escribiendo críticas e improperios contra los autores en su inimitable estilo. Al día siguiente, me llamó a su despacho y me dijo que no podía devolverle ese original a los jóvenes periodistas, porque sus críticas eran feroces y despiadadas. Acordamos que destuiríamos el original, aduciríamos que se había extraviado y Enrique les pediría una reescritura salvando el error que lo había sacado de sí la noche anterior. Simplemente, no quiso lastimar a dos jóvenes periodistas.

En 1986 me fui a vivir a la ciudad de Querétaro y dejé mi escritorio de la revista. Mis colaboraciones con Enrique se fueron diluyendo poco a poco, involuntariamente, y las de la sección cultural del diario por cuestiones del nuevo encargado, lo que me llevó a un día cruzar la calle de Bucareli, subir a la oficina de Paco Taibo I en El Universal y pedirle la oportunidad de colaborar en la sección cultural que dirigía. Me ordenó un artículo para el día siguiente, y seguí en El Universal hasta mi salida de México.

La última vez que vi a Enrique, hace quizá diez años, había sufrido un accidente y tenía un ojo nublado, pero aún hablaba con la autoridad de un maestro que sabe, sin duda alguna, que su altanería y arrogancia están sustentadas en una labor periodística a todas luces admirable, y en una calidez humana que nunca pudo ocultar del todo tras la "paersona" que se construyó tan bien que muchos nunca supimos dónde acababa exactamente.

Enrique me enseñó mucho, de periodismo, de caballos, de literatura, de cine, de temas interminables como nuestras noches de copas. Lo quise como se quiere a un maestro que se convierte en amigo. Lo admiré como profesional y lo enfrenté como inexplicable defensor del oficialismo gubernamental mexicano. Sus contradicciones no fueron, sin duda, mayores que las que tiene cualquiera, y si en su caso se magnificaban era porque en Enrique todo era exagerado, todo era extremista, todo era "lo más" o "lo menos".

Murió querido, admirado y reconocido como el último de su especie, que nunca fue demasiado abundante. Que no sea olvidado es tarea de quienes le quisimos entrañablemente.

Mauricio-José Schwarz


Ese mail me trajo a la mente el día en que conocí a Enrique:

Yo tuve oportunidad de tomar una copas con Enrique en la famosa cantina La Opera, en alguna ocasión en que Rafael Fernández Flores, mi viejo amigo de la FES Cuautitlán de la UNAM, me invitó a compañarlo al centro de la ciudad, en algún momento previo a 1990.

Estuvo, además, una chica de nombre Martha, quien acompañaba a Enrique. Ella tuvo posteriormente un papel importante en Excelsior: se trataba de Martha Anaya.

En esa ocasión el mismísimo Carlos Monsiváis entró a la cantina, se acercó a nuestra mesa a saludar a Enrique y él nos lo presentó a los tres jóvenes que estábamos en la tertulia.

Rafael Fernández tenía entonces una columna en Revista de revistas, casi estoy seguro que se denominaba 'La ciencia es juego de niños'.

Cuando te conocí, Noc, en alguna fiesta de PCM, platicamos de Rafael, nuestro amigo común; esto fue un poco antes de que marcharas a España.

Sirva esto para colaborar a que el olvido no se trague a Enrique.

martes, 27 de mayo de 2008

25,000 visitantes

15,000 al 6 de julio de 2007, 15,000 para el 8 de octubre del mismo año.

En el 2008 ya había tenido 20,000 visitas el 1 de febrero y ahora estoy festejando que 25,000 personas han ingresado a este blog.

Gracias a todos, en especial a los que no cayeron acá por error o por azar, pero sobre todo a los que han regresado por haber encontrado algo que haya despertado su interés.

Tantas personas no pueden sino motivarme a seguir con estas notas de mi vida cotidiana y uno que otro intento de creación literaria.

Gracias.

dalton

martes, 13 de mayo de 2008

Mujer bella mirando por la ventana

Fue una tarde en el Golfo de México, en un inicio de mayo lleno de luz y de calor. Sin pensarlo demasiado me puse detrás de ella. Enfoqué, ajusté la apertura del diafragma, la velocidad y disparé.

La impresión en papel de esa foto ya acumula polvo en un entrepaño de mi librero, enmarcada en aluminio y junto a Cortázar, Fuentes, Benedetti, Sabines y varios latinos más que endulzaron mi juventud y enamoraron, conmigo, a varias mujeres.

Ella aparece de espaldas, rodeada de la penumbra, asomándose hacia un torrente de luz que viene de una playa cercana. Su pelo rubio, ligeramente alborotado, a contraluz, muestra su carácter libre, su desparpajo, el paso repertido de mis manos por su cabeza. Casi se escuchan mis recientes murmullos en su oído.


¿Qué pensaba en ese momento? Llévabamos cuatro días en la Costa Esmeralda de Veracruz, una zona formada por una serie de pequeños poblados pegados a la costa. Casi todos ellos no son más que una larga hilera de restaurantes de mariscos, hoteles poco pretenciosos, casas de huéspedes, fondas para conductores de trailers, cassuchas de pescadores y agricultores que el turismo se va comiendo poco a poco.

Nuestro plan de viaje era muy simple: parar en el poblado que nos pareciera atractivo, pisar la playa, visitar el poblado, buscar los platillos y artesanías locales, tomar un par de cervezas o toritos y decidir si pernoctábamos ahí.

¿Pensaba en la placidez después del amor? ¿Dudaba de la eternidad de nuestro romance? ¿Se planteba la necesidad de formalizar algo que ya lleva un año y medio de iniciado?

A la derecha de la fotografía se adivina el doble cristal de la ventana de alumino a medio cerrar. Una luz azul, fría, ajena al ambiente tropical no hace más que remarcar la intensidad del fulgor que las palmeras, el cielo seminublado y la arena arrojan sobre ella, logrando un halo dorado en su cabellera.

Fueron días divertidos e intensos. Casi desfallecemos por visitar Tajín en las horas en que sólo un par de estúpidos lo haría: de dos a cuatro de la tarde. La frase que mejor refleja el tamaño de nuestra irracionalidad la dijo una pequeña de cinco o seis años, sudorosa, sedienta, vestida de blanco, con huaraches, que caminaba cabizbaja bajo el apuro de sus padres:

--¡ Nunca volveré a visitar este lugar!

Espero que la niña recapacite al crecer.

Las pláticas entre mi amada y yo podían volverse complejas al calor de los toritos: relaciones pasadas, viajes anteriores, deseos guardados en baúles que ya nuestra memoría ha olvidado, autoflagelaciones por decisiones equivocadas, risas ante situaciones que en su momento fueron auténticas tragedias griegas.

La poca luz que entra en la habitación permite ver su espalda y el inicio de su cadera. Una ligera zona de piel delata un llantita coqueta y apetecible. Ya no es una adolescente, pero sus cuarentas más bien parecen treintas, y lo demuestra en más de un sentido.

Sus caderas. Prometedoras, redondas, turgentes, besables, ágiles, acariciables, mías. Sus inolvidables caderas jalan la vista en la fotografía, le dan un inmensa sensualidad a la toma. Sin embargo a mi me enloquece su agitado cabello dorado. Casi percibo el olor de su piel, de su cuello, de sus labios pegados a mi boca.

El pareo que ella acomodó de mil maneras en su cuerpo durante esas vacaciones apenas se vislumbra en el extremo izquierdo de la fotografía. La prenda cuelga, informe, junto a su cuerpo. La tela negra del pareo está adornada con lunas, estrellas y otros motivos que la hacen parecer una noche estrellada vista desde la campiña.

Esa tarde salimos a caminar al atardecer para buscar conchitas de mar. Ella llevaba ese pareo acomodado como falda. Se emocionaba como una pequeña cuando encontrábamos una concha en forma de galleta. 'Esta será para mi hermana' o para su hija o para una maestra, me iba diciendo al recoger esos pequeños regalos del mar. Esos momentos, aparentemente insignificantes, son la síntesis perfecta de la felicidad. Esos minutos son los que hacen que toda una vida valga la pena. Los atesoro como mis mejores posesiones.

En la fotografía su cara no es visible. Eso le otorga una magia especial a la imagen. Cada quien, cada observador, tiene la oportunidad de adivinar, de recrear su belleza. Así no hay límites para la ilusión: ella será tan bella como los anhelos particulares de cada quien.

Yo, solo yo, tengo la certeza de su cara ese preciso día. Yo, y nadie más, sabe cuan bella se veía en ese momento. Eso lo hace mía, eternamente, al menos en el contexto de esa fotografía.

Ella vió la impresión una semana después de regresar del viaje, Le entregué una copia en un marco de aluminio idéntico al que guardo en mi departamento.

Le gustó la foto. Me gustó que le gustara.

Quiero recordarla siempre así, relajada, plena, feliz, dispuesta a emprender el camino en cuanto sea necesario, sin condiciones, sin trampas, buscando un lugar en que, juntos, podamos seguir practicando la construcción de un amor tan especial que desborda los límites de esa fotografía, la de una mujer bella mirando por la ventana.

domingo, 2 de marzo de 2008

César Vallejo

Hoy asistí a la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. Mi llegada concidió con dos eventos.

El primero de ellos fue la presentación del libro Cuervos de Daniel Krauze, del cual escribiré en cuanto termine su lectura, aunque puedo adelantar que he oído buenas cosas de él.

El segundo evento fue un recital de poemas de César Vallejo, poeta peruano de la primera mitad del siglo pasado.

De los poemas que escuché dos me atrajeron tanto que quiero compartilos con ustedes, mis tres lectores habituales.


Espergesia


Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico... y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de ferétro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

Todos saben... Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

Poema Amor Prohibido


Subes centelleante de labios y de ojeras!
Por tus venas subo, como un can herido
que busca el refugio de blandas aceras.
Amor, en el mundo tú eres un pecado!
Mi beso en la punta chispeante del cuerno
del diablo; mi beso que es credo sagrado!
Espíritu en el horópter que pasa
¡puro en su blasfemia!
¡el corazón que engendra al cerebro!
que pasa hacia el tuyo, por mi barro triste.
¡Platónico estambre
que existe en el cáliz donde tu alma existe!
¿Algún penitente silencio siniestro?
¿Tú acaso lo escuchas? Inocente flor!
… Y saber que donde no hay un Padrenuestro,
el Amor es un Cristo pecador!

César Vallejo


domingo, 10 de febrero de 2008

Regreso a Macondo

Hace algunos meses de hice mi copia de la edición conmemorativa de los primeros 40 años de Cien años de soledad.

Gabo, su autor, se convirtió en un icono para nuestra generación, alla en los remotos (en más de un sentido) años 70.

Está de más decir que la prosa de García Márquez es lúdica, exhuberante como la selva colombiana.

Jóvenes y más que jóvenes no dejen de leer esta obra monumental. Créanme que los $10 USD y el tiempo que inviertan en leer 606 páginas (con varios anexos de Fuentes, Vargas Llosa, Mutis y otros) serán altamente recompensados.

viernes, 1 de febrero de 2008

20,000 visitas

El lunes 8 de octubre escribía

Apenas el 16 de julio festejaba que mi contador de hits llegaba a 10,000. Hoy, a menos de tres meses de aquella fecha ese número ha llegado a ¡15,000!

Ahora ya son 20,000 las visitas.

Otra vez en un momento en que el exceso de trabajo (que no de ingresos) me impiden escribir con la frecuencia que quisiera.

Tantas visitas me impulsan a seguir, sin importar que muchas de ellas hayan llegado por error, por azar o con toda la intención de saber que he escrito.

Gracias a todos.

domingo, 13 de enero de 2008

Boda en la campiña mexiquense

El sábado pasado asistí a una boda en un poblado a unos 45 minutos de la ciudad de Toluca: San Agustín Citlali, en el municipio de Almoloya de Juárez.

Empiezo a escribir esto a las 23:41 del domingo siguiente al festejo. No cuento con el tiempo suficiente para relatar con el detalle adecuado las minucias de ese día. Así que solo pondré por escrito las notas mentales que tomé, para evitar que el paso de los días las borre o las altere más.
  • Lala y Anita me recogieron a las 12:40 en Tollocan y Tecnológico, casi una hora después de lo pactado. La boda religiosa empezaba a las 12:50 horas.
  • Hicimos una escala en el outlet de Crisa, en donde compramos el regalo. Desde luego lo entregamos sin envolver.
  • Lala llevaba un mapa que mostraba claramante en donde había que salir de la carretera hacia Atlacolmulco, los lugares en donde debíamos optar por un camino u otro y las señas de los lugares que nos indicarían que el camino era el adecuado.
  • Algunas indicaciones: Dar vuelta a la derecha en donde hay un colegio militar (resultó se una escuela de policía). Pasar unos arcos. Contar 4 iglesias, la boda sería en la cuarta. El pueblo se llama San Agustín Citali. La fiesta sería en el domicilio conocido de los padres del novio.
  • Llegamos a la iglesia a las 13:55. Entramos y cinco minutos después estábamos tomándonos una foto en el altar con Elsa y Carlos, los desposados.
  • Afuera de la iglesia habia un arreglo floral que mostraba cada una las iniciales de los novios dentro de un círculo de follaje. Le comenté a Lala que me recordaban los símbolos de No estacionarse y Copyright. Estuvo de acuerdo.
  • En la misa y en la fiesta solo había dos señoras güeras y tres niños güeros. Las señoras eran la patrona anterior de Elsa (que vino desde Querétaro a la boda de su antigua trabajadora doméstica) y Lala (que perderá a Elsa, pero ganará a Siria, cuñada de Elsa, como su nueva muchacha). Los niños güeritos eran hijos de ellas.
  • La fiesta se realizó en medio de un lomería cercana a la carretera pavimentada. Después de manejar por quince minutos en un camino de terracería, de subida, llegamos a un inmensa carpa con largas mesas que ya contaba con manteles blancos. En las mesas había cada tres metros un refresco de 2 litros (Jarritos o Coca Cola), una recipiente con salsa, otro con sal, vasos desechables, servilletas y un botella de tequila 30-30 (http://www.tequila3030.com/base.htm) reposado y 100% de agave azul.
  • Al fondo de la inmensa carpa (Lala calculó que con capacidad para 400 personas sentadas) había una gran mesa con cazuelas, un comal rodeado por cuatro o cinco mujeres echando tortillas y varias más llenando bandejas con platos de unicel que ya contenían la comida.
  • Casi inmediatamente (incluso antes de que llegaran los novios a la fiesta) sirvieron la comida: un plato con tres divisiones con arroz, nopales y carnitas picadas.
  • Pronto llegaron las tortillas hechas a mano: gruesas, calientes y sabrosas.
  • Unos quince minutos y 4 tacos más tarde pedí un poco de trompa y oreja y fui atendido son prontitud.
  • El padrino de cervezas pasó varias veces cargando un cartón de cervezas frías preguntando que cuantas nos dejaba.
  • La mamá de la novia fue a sentarse un rato con nosotros. Entre muchas otras cosas nos dijo, al hablar del párroco que ofició la misa: "A veces el padre platica con nosotros (refiriéndose a ella y a su esposo) y a veces nosotros platicamos con él"
  • Nos enteramos también del costo de la boda, de cuantos puercos se habían sacrificado, que catorce padrinos que habían cooperado para la boda, de que el marichi quedó de llegar a las 16:00 y que no llegaba, que mucha gente se había ido después de la cómida debido a que había otra boda en una casa cercana pero que "seguro fueron también a comer, pero al rato que oigan la música van a regresar". Que su yerno es albañil entre semana y vocalista de un grupo musical los fines de semana.
  • Uno de los tres padrinos de mariachi llegó finalmente con el grupo folclórico, no el que se había contratado (perece que se perdieron y nunca llegaron a la gran carpa), sino otro que consiguió en la cabecera municipal. Los había contratado por tres horas.
  • En el lado opuesto a las mesas con la cazuelas de carnitas, arroz y nopales estuvieron armando un gran templete, con torres e inmensas bafles pues a las 19:00 llegaba el grupo que iba a amenizar el baile. "No es el grupo de mi yerno, es otro de otro pueblo" nos decía la madre de la desposada.
  • Lala y yo (ayudados por dos lugareños que nos pidieron algo del licor de agave) dispusimos de la mitad de la botella de tequila, además de tres cervezas y un poco de Coca.
  • Anita comió poco, pero se divirtió mucho pues las hermanas de Elsa (a quienes ya conocía pues suelen acompañar a su hermana a la casa de Metepec) la invitaron a jugar en el río.
  • Salimos de la fiesta a las 18:40, sin haber bailado, sin probar el pastel que acababa de llegar y que mantenía un incipiente equilibrio por sus cinco pisos de altura.
  • Empezaba a anochecer, pero había suficiente luz para recorrer los dos o tres kilómetros que nos separaban de la carretera asfaltada.
  • Llegamos una hora después al hotel Crown Plaza (Lancaster), en Metepec, a tomar un pastel con café. Me agradó ver en el vestíbulo un mural de mi amigo Julio Carrasco (de hecho esperaba encontrar algo de él, pues en el hotel Lancaster de Tlalnepantla está instalado un gran mural que Julio hizo por los 500 años del descubrimiento de América). Los precios de lo que consumimos nos parecieron excesivos, pero el lugar era elegante y nos atendieron de lujo. No pensamos regresar en mucho tiempo.
Si acaso estas notas no pasan de eso, espero que ustedes, mis dos lectores, unan las líneas para formar un figura que muestre lo bien que la pasamos ese día.

Felicidades a Elsa y Carlos.

domingo, 16 de diciembre de 2007

Naica, Chihuahua. 33 años después.

Hoy envió el Gunds un mensaje a la lista PCM en el cual reseña un reciente viaje de Pris, su esposa, a Naica. Yo estuve en ese pueblo minero hace ya 33 años, cuando sstudiaba en la Facultad de Química de la UNAM. Lo que sigue es mi comentario al mensaje de Gunds.

Hola Gunds y Pris:

> Mi mujer anda en Chihuahua, en Naica, como muchos
> de ustedes saben, filmando un documental
> ficcionado sobre el pueblo, los mas de 100 años
> de existencia de esa mina, y sobre todo de las
> Cuevas de los cristales, una maravilla natural
> que por las condiciones extremas en que se
> encuentra (temperaturas muy altas, humedad del
> 100%) no pueden ni podrán ser abiertas al público.

Yo estuve trabajando en Naica, un poco antes de terminar mi carrera de
Ing. Químico Metalúrgico, durante un mes, en prácticas profesionales,
circa 1974.

Aun recuerdo mi llegada al pueblo, luego de varios minutos de ver a cada
lado de la carretera un inmenso valle con cientos (¿miles?) de caballos
pastando, corriendo, jugueteando, propiedad del ejército. Decía que no he
podido olvidar la entrada a Naica pues me recibió un fuerte olor a algo
conocido, intenso, penetrante: el orégano silvestre que abundaba en la
zona.

> Han sido dos semanas llenas de trabajo y con
> Hay fotos mas interesantes en la página oficial
> del proyecto, en www.naica.com.mx

Como parte de mis prácticas trabajé en la planta concentradora de plomo y cinc, en la superficie, pero tuve la oportunidad de acompañar a un ingeniero en minas durante media
jornada de trabajo. Me dieron botas, el uniforme reglamentario, la pesada
batería (totalmente cargada) y el casco con la clásica lámpara, la
cual ame/odié en poco tiempo.
La travesía, luego de bajar varias decenas de metros en un rudimentario
elevador, se dió en un terreno abrupto, lleno de piedras, rocas, montones
de mineral, en un terreno con subidas y bajadas, agotador. Después de una hora me di
cuenta de que el cuelo me dolía pues para ver a los lados, arriba o abajo,
uno debe girar la cabeza. En condiciones normales es suficiente mover un
poco los ojos, pero en la oscuridad de la mina eso no funciona.
Pasamos por zonas en donde goteaba agua fría del 'techo' del tunel. En
zonas en donde el oxígeno apenas alcanzaba para seguir la marcha, en
momentos mezclado con las emisiones de la maquinaría que usaba diesel.
Tres horas después de haber entrado estaba casi completamante mojado, de
sudor y de agua, con las botas húmedas, lleno de tierra y polvo oscuros
(por el plomo del mineral).
Mi guía, seguramente enterado de las condiciones en las que me encontraba,
me dijo que ya había cuantificado suficientes 'frentes' (zona de avanzada
en los túneles) y que podríamos regresar a la superficie para comer. Su
trabajo consistía en medir cuanto había 'tirado' los mineros para calcular
su paga.
Al sali amé el aire, el sol, el cielo. La superficie de nuestro planeta en
muy adecuada para la vida humana. La minas no lo son. Caí rendido en mi cama hasta que el hambre me obligó a ir al comedor.
Vi varias cuevas con cristales muy grandes (hasta un metro) pero no
recuerdo haber visto lo que muestras en las fotos que muestra el Gunds:

Gunds, por favor avísame de lo que debo hacer para ver esa producción.

> De pilón, aquí les val a foto de Pris con algunos
> de los actores caracterizados para representar a
> los mineros en los años alrededor de 1900. Las
> condiciones actuales de los mineros son mejores,
> pero aun así Pris una de las primeras cosas que
> me dijo cuando estuvo un par de días trabajando
> en Naica fue "no quiero que Juan sea minero.
> Nunca".

Me adhiero al deseo de Pris.

Por cierto, en Delicias y en Camargo, ciudades cercanas a Naica, conocí a
varias chicas MUY guapas que sufrían por la escasez de hombres en la zona.

Saludos.

domingo, 2 de diciembre de 2007

Por amor, por amor, por amor

Me precio de ser un ateo irredento, sin embargo hoy leí el evangelio por teléfono.

Hoy en la mañana Lala, mi novia, y yo fuimos a almorzar pancita y migas en las cercanías del Mercado de Beethoven, en Peralvillo, y después a comprar algunos materiales para hacer algunos regalos que daremos por la Navidad.

Enter otras cosas compró cuatro velas que le hacía falta para su corona de Adviento.

-- ¿Corona de Adviento? ¿Qué es eso? -- le pregunté.

-- Es un arreglo hecho con ramas, el cual lleva cuatro velas, uno por cada uno de los cuatro domingos previos a la Navidad. Hoy debo prender la primera de las velas, y leer el Evangelio del día.

Compró cuatro hermosas velas de cera con apariencia metálica y ya no hablamos más del asunto.

Horas después se fue a Metepec, después de regalarme un fabuloso fin de semana.

Al llamarla en la noche le pedí que me contara que había hecho con la corona.

-- Pues Anita y yo pusimos las velas en la corona que tenía guardada de navidades pasadas, pero no pudimos leer el Evangelio debido a que no sabemos cual toca hoy.

Le dije que me podría conectar a internet (aprovechando que ya tengo Infinitum en casa) para investigar cual era el Evangelio del día.

En pocos segundos puedo encontrar lo que buscaba:

1er. Domingo de Adviento, Año A | Mateo 24:37-44 | Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre

Lo cual le leí a Lala por teléfono.

-- ¡Fabuloso! -- me dijo --- ¿Tienes también el Evangelio?

-- No, pero si quieres te lo busco, no tardaré nada.

-- ...

-- Listo, ya lo tengo.

-- ¿Lo podrías leer? Voy a poner el auricular para que Anita lo escuche también, espera.

Y así fue como, por primera vez en mi vida, leí en voz alta un evangelio para alguien más.

Eso no puso en duda mi ateismo y estoy seguro que a Lala y a Anita no les importó que un agnóstico, por teléfono y con apoyo de la red, les permitiera completar su ceremonia que ya huele a Navidad.

Lo hice por amor y con todo el respeto que me merece su catolicismo.

sábado, 1 de diciembre de 2007

Don Goyo se excita en diciembre

De acuerdo a la Wikipedia:
El volcán, durante el tiempo Prehispánico, era una deidad azteca dedicándose un culto exclusivo a la entidad. Hoy día el culto sobrevive en forma minoritaria o simbólica; los guardianes del volcán son llamados temperos del volcán Popocatépetl, quienes se refieren a él como Don Goyo o Serafín, personificándolo en un indígena.

Hoy que inicia el mes de diciembre me (nos) saluda de este manera:

viernes, 26 de octubre de 2007

Speed Metal

Al regresar a la oficina, después de la comida, Issac y Jorge bromearon con la idea de hacer un grupo de rock, al cual me invitaban a unirme. Rechacé su ofrecimiento de ser parte activa de la banda, pero les propuse que fuera su letrista.

Aceptaron. Pero al discutir si había diferentes tipos de letra para cada ritmo, de alguna manera llegamos a un reto: ellos me pedirían la letra de una canción con un ritmo específico y yo les entregaba una letra adecauada para el mismo. Jorge me pidió una letra de una canción de amor para una rola en speed metal. Este es el resultado:


Vengo de más allá de tu realidad.
El océano del tiempo
es mi odisea personal
Yo soy el narrador de esta historia
así que ahora podrás saber
donde he estado,
lo que he visto
y como termina todo

Bienvenida a Tierrasucia
un mundo que cambia sin parar,
que cada vez gira más rápido sobre mi cabeza;
lejos del origen de la luz
en caída libre hacia la oscuridad.
Con el tiempo avanzando sin descanso
sigo atrapado en tus sueños
amando cada neurona que visito
sin entender del todo
que es lo que te mantiene a mi lado


La hice en menos de 15 minutos. Simplemente leí en la Wikipedia la definición de ese ritmo, busqué a algunos de los grupos representativos y aterrice sin problemas en la letra de una de sus rolas. El resto fue sencillo: fusilarme creativamente la letra, manteniendo el estilo pero agregando algunas líneas de mi creación.

Le letra original, mucho más extensa, es de Blind Guardian.

Espero que ellos cumplan con su parte del trato

viernes, 12 de octubre de 2007

Una noche muy larga

La noche de anoche tuve que trabajar hasta la madrugada.

En un momento dado me sentí abatido, cansado, desesperado. Pensé que ser programador de sistemas es algo terrible, que deberían usarlo como un trabajo para castigar a los peores delincuentes. En mi deseperación me puse a escribir lo que sigue en Twitter:

En ocasiones como esta deseo ser taquero o cuidacoches o padrote, alguna profesión normal

O buzo de aguas negras o aguador del Atlante o inspector de medidores de agua o poeta maldito

O jimador en Tequila o sonero en La Huasteca o tu amor eterno o bombero en Irak o lanchero en San Blas o taxista en Oaxtepec

O pedicuro en Miami o santero en La Habana o pescador en Hawaii o brujo en Madagascar o huesero en La Lagunilla o mesero en Pisa

O un trovador en tu ventana o un vampiro en tu garganta o tu lechero preferido o el dueño de tus ojos o el agua que quite tu sed de amor

Pero estoy seguro que al despertar, al estar mi cerebro bien oxigenado y fresco voy a seguir agradeciendo a la vida que el tener esta desviación técnico-profesional; y a Lala por aparecer en mis malos ratos para dotarlos de un poco de su ternura, aun en su profundo sueño en el Condado de Metepec.

lunes, 8 de octubre de 2007

15,000 visitas. Gracias

Apenas el 16 de julio festejaba que mi contador de hits llegaba a 10,000. Hoy, a menos de tres meses de aquella fecha ese número ha llegado a ¡15,000!

Y llega en mal momento: he tenido tanto trabajo que apenas he tenido tiempo para agregar unas cuantas notas. De hecho el psado mes de septiembre solo publiqué cinco de ellas.

Espero tener un poco de tiempo para vaciar mis ideas en palabras; eso seguramente me aligerará la sesera.

Gracias a todos los mouses que han hecho click en las ligas que traen a sus dueños a este sitio.

dalton

sábado, 1 de septiembre de 2007

Un dia en la vida (más bien dos)

Después de varios dias sin poder hacerlo, por exceso de trabajo, al fin encuentro un tiempo para escribir.

Ayer celebramos en el Covadonga el cumpleaños de Jorge López. Aunque fue casi la mitad de los invitados nos divertimos bastante. Llegó gente que no veía desde hace mucho tiempo: Daniel Ceballos y Jonathan. Daniel llevó a su novia, una chica que conoció en CANACINTRA.

Estuvieron además Carlos de Llano, Iván (con una amiga), Issac, Alberto Vázquez (el bailarín, no el cantante), Jorge y, obviamente, el del teclado.

La cena estuvo variada y muy sabrosa, como suele estar en el Cova: tortilla española, morcilla, empanada gallega (una delicia rellena de atún), chistorra y pecho de ternera. Todo al centro, para compartir. Me encanta la comida de este lugar, todo lo que he probado me ha dejado más que satisfecho. Sus porciones son grandes y no muy caras (alrededor de $7 USD).

Terminamos jugando a que jugábamos cubilete: no hubo apuestas, solamente tirábamos y veíamos el resultado. Hubiera sido mejor que alguien sacara una lotería o una pirinola de Todos ponen.

Al final Issac me trajo a casa en su auto y acercó a Alberto a la zona en donde vive. Sólo como dato curioso dejo constancia de que Jorge e Iván durmieron juntos. No Comments.

Hoy --es decir el sábado, pues esto lo escribo casi el domingo -- asistí a una comida en la hacienda La Purísima, en Ixtlahuaca, México. Lala, Anita y yo acompañamos a Diego, hijo de Lala, al festejo que se hace después de cada rally. Diego asegura que ocupa el sexto lugar absoluto como piloto de rallies en México. Hoy llegamos a un acuerdo en la sobremesa de la comida: Su equipo colocará una calcomania que diga inteligentes.com.mx, desarrollo de sistemas y nosotros le daremos el hosteo y pondremos un subdominio con la información de su equipo.

Después de la comida regresamos a Metepec, Lala y yo tomamos una breve siesta (30 minutos) en uno de los cuartos de TV de su casa y a las 20:00 horas me llevó a el Paseo Tollocan para que tomara el autobús a la ciudad de México.

A las 21:30 llegué a La Tregua. Había música y poesía con Chucho y Jorge. Cené una baguete y una coca de lata. Me entregaron un CD con música de cello que me prometió la prima de Brenda, el cual escucho ahora que escribo. Desgraciadamente desconozco el autor, el nombre de la obra y los ejecutantes (parece un concierto para piano y cello). La musica es muy buena, en cuanto sepa que es lo escribiré.

viernes, 10 de agosto de 2007

¿A qué me sabe tu amor? V2.0

Todo inició el domingo pasado. Lala me dijo:

-- Vamos a ver si hay suficientes zarzamoras en mi jardín para hacerte más mermelada.

Salimos al jardín posterior de la casa a cosechar las zarzamoras. Sólo encontramos una docena de ellas. Dos de las cuales me entregó en la boca, así, con el polvo acumulado. Lala se llevó otras dos a los labios. Por lo magro de la cosecha no habría mermelada.

Afortunadamente en esa pequeña huerta también existe un manzano. Sus frutos son pequeños y ligeramente ácidos, pero lo suficientemente sabrosos para que ella armara el plan B:

-- ¡Mira ya hay varias manzanas, cortemos algunas y te hago algunos strudels, yo se que te gustan mucho!

Asentí y empezamos a recolectar las manzanas mas accesibles, vigilados por sus dos perros que esperaban que cayera alguna para engullirla. En más de una ocasión tuve que pelear por alguna manzana: siempre les gané.

Ya encarrilados en la cosecha, Lala fue por una escalera de aluminio y procedimos a bajar las manzanas que se encontraban más alto o más al centro del árbol. Nos divertimos como enanos tratando de evitar las caidas pues el piso del jardín no permitía fijar del todo la base de la escalera. Llenamos un canasto y mi sombrero de mimbre, recién comprado en San Juan del Rio, con la cosecha.

Por diversas razones ese día no hubo tiempo para la cocina, así que decidimos guardar la fruta y esperar un mejor momento.

Ese momento se dio ayer que fui a visitarla a Metepec.

Después de comer fuimos a Superama. Compramos la pasta hojaldrada y yo aproveché para comprar una cervezas Guinness que mencionaron Mancha y Tacvbo en Twitter.

Ya en la amplia cocina de Lala se nos unieron Mary y Anita, dos de sus hijas. Les agradó la idea de ayudarnos a amasar la pasta y pelar las manzanas.

Lala dio instrucciones a Anita acerca de la mejor manera de usar el rodillo de madera sobre la pasta. Después de un rato la rubia niña de pelo alborotado era una experta con el rodillo. Más tarde Mary le pasó el mondador a Anita y también se convirtíó en experta en amasijos para strudel. Finalmente cada una de ellas colocó las manzanas, que Lala había cortado en trozos pequeños, en el centro de la pasta extendida, les agregaron canela y azúcar (olvidamos comprar las pasas) y doblaron el amasijo para formar el strudel.

Yo, mientras tanto, hacía mi parte: tomar nota mental de todo y engrasar las charolas para el horneado. También batí las yemas de huevo y barnicé, a mano, los pastelillos.

Elsa, la empleada doméstica, ya había prendido el horno y todo estaba listo para el paso final. Lala metió al horno la primera charola. Ya para entonces eran las 8 de la noche, yo tenía que regresar a la Ciudad de México, distante 70 Km. Lala me aseguró que en diez minutos estaban listos los strudels; realmente tuvieron que pasar casi 30. Sólo hubo tiempo para sacar un par de pasteles, envolverlos en papel aluminio, luego en una servilleta de algodón, meterlos en un topercito y ponerlos, junto con mis cervezas, en una bolsa de papel.

Casi dos hora más tarde cené en casa esas delicias, mientra hablaba con Lala por teléfono y bebía un vaso grande de leche tibia.

Mary, Anita, Lala y yo, amasando, mondando, cortando, bromeando, esperando que todo estuviera a punto estabámos viviendo algo esencial, algo que seguramente recordaré cuando haga tabla rasa de mi vida. La felicidad estaba en esa cocina. Esa son las cosas que le dan valor a la existencia. Lo demás en pura vanidad.

lunes, 30 de julio de 2007

Dos en San Gil, Qro., Dos

Pasé tres fabulosos días en el Hotel Misión San Gil y en el Fraccionamiento y Club de Golf San Gil. Como siempre, la gente hace hasta lo imposible por aparecer en mi blog. En esta ocasión Lala, mi novia, y Anita, su rubia hija de nueve años, lo lograron. Ya verán que realmente hicieron los méritos suficientes.

Anita tenía sed

Después de varios días nublados, por fin el sábado hubo sol y se presentó la oportunidad para dejar el Fraccionamiento San Gil e ir al Hotel del mismo nombre -- a menos de 2 Km de distancia--, en donde la familia de Mary, hermana de Lala, puede hacer uso de la alberca. Puesto que yo me hospedé en el hotel yo ya tenía esa prerrogativa, pero la idea era ir en grupo. En un momento dado estuvimos trece personas en las alberca o a la sombra de los árboles que la rodean platicando, cuidando niños, bebiendo micheladas y refrescos o consumiendo papas a la francesa, jícama con zanahoria, hotdogs y hamburguesas.

Ya cerca de la hora de la comida Anita estaba en el chapoteadero jugando con su sobrina Sofía -- Sofita para los cuates, para distinguirla de su madre que se llama, desde luego, Sofía . Yo me encontraba es ese momento cerca de la orilla de la alberca, platicando con Fernando, uno de los anfitriones, acerca de sus exitosos negocios.
De repente un señor dirigió una pregunta hacia la alberca, con fuerte voz:

-- ¿Alguien quiere algo de tomar?

De inmediato Anita, que estaba de espaldas al señor, contestó muy animada:

-- ¡Yo quiero un refresco!

Volteó y se dió cuenta de su error: quien había preguntado no era yo sino un total desconocido. Anita me miró, apenada, pero ya era tarde.

El señor se portó de manera muy amable y le preguntó a Anita, que que refresco quería; y ahora los apenados fuimos Fernando y yo quienes contestamos al señor que no era necesario que le comprara nada a Anita, que nosotros lo haríamos.

Anita sospecho que esta anécdota aparecería en este blog, y por más que me rogó, amenazó e imploró, nunca pudo hacer que desistiera de mi intento de hacerla famosa, desde luego con la participación involuntaria de ella.

El cenicero de Lala

Lalá me llevó al Hotel Misión San Gil a registrarme. Mientras esperábamos a que me asignaran una habitación ella sacó un cigarrillo y empezó a fumar. Casi de manera inmediata se acercó una persona con el uniforme azul del hotel y colocó un cenicero en el mostrador.

Una vez que me registré caminamos hacia la oficina de reservaciones pues Lala tenía que tramitar el descuento para una de sus hijas que llegaba al día siguiente. De repenté se percató de que había dejado el cenicero en el mostrador, regresó por él pero ya el empleado de uniforme azul se lo había entregado a otra persona que vestía del mismo color. Lala avanzó hacia ellos, pensando que ambos laboraban para el hotel. Casi arrebató el cenicero de las manos de la segunda persona diciendo con una sonrisa:

-- Este es mi cenicero.

y se alejó, de ellos, hacia donde yo la miraba sin entender su proceder.

El empleado del hotel se quedó sin palabras, el cliente del hotel no daba crédito de la desfachatez de Lala.

Lalá entendió lo que pasaba al ver mi cara. Volteó hacia la pareja despojada y se disculpó:

-- Perdón, pensé que los dos trabajaban en el hotel.

Ambos nos apresuramos hacia la oficina de reservaciones, con el botín en nuestro poder: un cenicero de vidrio, usado, del Hotel Misión San Gil.