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lunes, 15 de marzo de 2010

Acerca de la fe (1)

Ayer me prestaron, me invitaron a leer, un libro de Joshep Ratzinger. Sí, el papa Benedicto XVI. El nombre del libro es Introducción al Cristianismo. Así que he decidido escribir algunas notas sobre lo que me vaya encontrando y, desde luego, mis comentarios acerca de mis hallazgos.

El libro inicia con su declaración de principios, una muy vieja y gastada: el Credo.

Creo en Dios, Padre Todopoderoso,
Creador del cielo y de la tierra
...


Lo cual da una clara idea del contenido y de los argumentos que usará Joseph Alois Ratzinger a lo largo de esta obra, sólo una de su larga lista como escritor.

La opción que propone Ratzinger es una, y hasta ahora única: creer. Es decir su propuesta es la fe como argumento para ¿entender? el mundo.

Para mi, materialista y ateo, su argumento me parece de cortos alcances, sobre todo al proponer que tomemos lo no visible, lo inexistente para aprehender el mundo:


Con esto tenemos ya un primer esbozo de la actitud que se expresa en la palabra "credo". Significa que en su ver, oir y comprender, el hombre no contempla la totalidad de lo que le concierne; significa que el hombre no identifica el espacio de su mundo con lo que el puede ver y comprender, sino que busca otra forma de acceso a la realidad, a la que llama fe y en la que encuentra el punto de arranque decisivo de su concepción del mundo. Si esto es así, la palabra credo entraña una opción fundamental ante la realidad como tal; no significa afirmar esto o aquello, sino una forma primaria de situarse ante el ser, la existencia, lo propio y todo lo real. Es una opción por la que no se ve, lo que en modo alguno cae dentro de nuestro campo visual, no se considera como irreal, sino como lo autenticamente real, como lo que sostiene y posibilita toda la realidad restante. [...] la fe es una decisión por la que afirmamos que en lo íntimo de la existencia humana hay un punto que no puede ser sustentado ni sostenido por lo visible y comprensible, sino que linda de tal modo con lo que no se ve, que esto le afecta y aparece como algo necesario para su existencia.

Ratzinger es claro, propone dejar a un lado la realidad, dejar a la fe el control de lo que es real o no. No es que proponga, como la ciencia moderna, que exista un mundo más allá de las apariencias como en el caso de los átomos o de los diversos tipos de energía o un mundo en dónde los seres microscópicos afectan de manera importante la salud o los cambios fisiológicos de animales y plantas. No, Ratzinger renuncia a la objetividad al proponer un método
de acceso a la realidad que prescinda de la comprensión, es decir del entendimiento y de la penetración de la realidad, de la cosa misma.
Al proponer el ahora papa de la iglesia católica que lo 'visible y lo comprensible' no es el sustento de de la existencia, human o no, es el tomar el camino equivocado para conocer el universo. La fe como método de conocimiento no puede llevar más que a ideas sin sustento, a callejones sin salida, a errores que han llevado a la iglesia católica a pedir perdón varios años despues por sus excesos y crímenes. La fe puede servir para muchas cosas, pero no para 'accesar a la realidad'.

¿Qué opinas al respecto?

sábado, 16 de mayo de 2009

La elegancia de la cultura


Quizá estar vivo sea esto: perseguir instantes que mueren.

Así termina Paloma, una solitaria niña de doce años de edad, una de sus variadas y profundas reflexiones sobre la vida en La elegancia del erizo.
Este libro, que recién terminé anoche, está escrito por una profesora francesa de Filosofía, quién no duda en poner a prueba la inteligencia de sus lectores escribiendo sobre temas y personajes que rara vez aparecen en los best-sellers: Kant, Husserl y la fenomenología:

Tal es la fenomenología: "la ciencia de lo que que aparece a la conciencia". ¿Cómo es un día normal para un fenomenólogo? Se levanta, tiene conciencia de enjabonar bajo la ducha un cuerpo cuya existencia carece de fundamento, de toamrse unas tostadas reducidas a la nada, de vestir una ropa que es como unos paréntesis vacios, de ir al trabajo y de asir un gato.
Poco le importa que le gato exista o no y lo que el gato sea en su esencia misma. Lo que no puede decidir no le interesa. En cambio, es innegable que a su conciencia se le aparece el gato y es ese aparecer lo que preocupa a nuestro hombre.

Jugando con tres personajes principales (una portera culta, una niña inteligente y un japonés millonario) Barbery lleva al lector a un recorrido divertido sobre el arte, la grámática, la estética, la filosofía y la vida misma sin dar concesiones, siempre bajo el supuesto de que el lector es tan culto y tan listo como sus personajes clave.

¿Cómo transcurre pues la vida? Día tras día nos esforzamos valerosamente por representar nuestro papel en esta comedia fantasma. Como primates que somos, lo esencial de nuestra actividad consiste en mantener y cuidar de nuestro territorio de manera que éste nos proteja y halague, en subir o no bajar en la escala jerárquica de la tribu y en fornicar de cuantas formas podamos --aunque no fuere más que en fantasía-- tanto por el placer como por la descendencia prometida.
...
Pero nada de todo ello lo percibe nuestra conciencia. Hablamos del amor, del bien y del mal, de filosofía y civilización, y nos aferramos a esos iconos respetables como la garrapata a su perrazo caliente.

Nadie se salva, ni los socialistas franceses, ni los ignorantes millonarios ni los lectores estúpidos.

Creo que se requiere un humor ácido, un ligero amor por la filosofía y un enorme entusiasmo por la cultura para gozar plenamente este libro, el cual recomiendo ampliamente; sus más de 600,000 ejemplares vendidos y sus múltiples ediciones (sólo en mayo de 2008 se editó tres veces) respaldan mi opinión.

La elegancia del erizo.

miércoles, 30 de mayo de 2007

dalton: El origen del alias

Durante 15 años laboré en la Facultad de Estudios Superiores Cuautitlán de la UNAM, y aunque pasé por muchos puestos académico-administrativos nunca dejé de dar clases a los alumnos de las carreras profesionales de Química.

En alguna ocasión impartí la asignatura de Química General, en la que se enseñaba la Teoría Atómica. Uno de los temas era la Teoría Atómica de Dalton, la cual postula que la estructura de la materia es discreta y que sus propiedades de ella pueden explicarse por las diversas maneras en que se agrupan los átomos para formar moléculas. Sí, aunque lo dudes, en 1808 esto representaba una manera sencilla y novedosa para entender el mundo material.

En cierta ocasión me acercaba al salón en donde daba la clase y escuché que uno de mis alumnos le decía a otro, pensando que yo no los escuchaba:

-- Apúrate que ya pasó Dalton y va rumbo al salón.

En ese momento supe que así me llamaban mis alumnos.

-- Dalton, Dalton, Dalton --pensaba yo -- no está mal. Es mejor que El Patotas, El Suavecito (alguna vez les contaré acerca del origen de este sobrenombre, de otro profesor de aquella facultad) o, peor aun, La Marrana.

Así que años después, cuando el uso de internet requirió de sobrenombres, seudónimos, alias o nicks (apócope de nickname, palabra inglesa) recordé aquel mote y decidí que me gustaba. A partir de entonces mi nick es dalton, así con minúscula, por respeto a aquel gran cientifico: John Dalton


Retrato de John Dalton

viernes, 25 de mayo de 2007

Acerca de la destrucción del Imperio de México

Actualmente estoy leyendo dos novelas. Por las mañanas leo Frankenstein de Mary W. Shelley, y por las noches ¿Te veré en el desayuno? de Guillermo J. Fadanelli.

La primera es una novela clásica de la literatura universal escrita en 1816 en Suiza. La segunda es una novela contemporánea mexicana, chilanga.

Fadanelli, se lee en la contraportada del libro, es el creador de la "literatura basura y promotor de la cultura subterránea". A este escritor lo conocí gracias a mi hijo que me prestó un libro de cuentos de ese autor, suponiendo que me iba a gustar su estilo. No se equivocó.

¿Por qué estoy leyendo dos libros al mismo tiempo? Hay una razón, la cual me apena un poco, les cuento: cuando le dije a Lala que estaba empezando a leer Frankenstein ella se sorprendió de que me gustara la literatura de terror. Yo tenía la idea de que esta obra no era de ese tipo, pero previendo que la lectura nocturna afectara mi sueño y mis sueños decidí, dándole su lugar al miedo, leer algo diferente durante la noche y dejar el clásico para las mañanas. Así que busqué en mi librero alguna obra que no hubiera leído, o que no recordara haber leído --que finalmente es casi lo mismo para mi desmemoriado cerebro-- y encontré a Fadanelli.

Frankenstein es una novela enmarcada en una espoca muy interesante desde el punto de vista de la historia de la ciencia: se empezaban a popularizar las investigaciones de Galvani acerca de los efectos de la electricidad en el cuerpo humano:

A partir aproximadamente de 1780, Galvani comenzó a incluir en sus conferencias pequeños experimentos prácticos que demostraban a los estudiantes la naturaleza y propiedades de la electricidad. En una de estas experiencias, el científico demostró que, aplicando una pequeña corriente eléctrica a la médula espinal de una rana, se producían grandes contracciones musculares en los miembros de la misma. Estas descargas podían lograr que las patas (incluso separadas del cuerpo) saltaran igual que cuando el animal estaba vivo.

El médico había descubierto este fenómeno por accidente: mientras disecaba una pata de rana, su bisturí tocó accidentalmente un gancho de bronce del que colgaba la pata. Se produjo una pequeña descarga, y la pata se contrajo espontáneamente. Mediante repetidos y consecuentes experimentos, Galvani se convenció de que lo que se veía eran los resultados de los que llamó "electricidad animal". Galvani identificó a la electricidad animal con la fuerza vital que animaba los músculos de la rana, e invitó a sus colegas a que reprodujeran y confirmaran su descubrimiento.

Así lo hizo en la Universidad de Pavía el colega de Galvani Alejandro Volta quien afirmó que los resultados eran correctos pero no quedó convencido con la explicación de Galvani.


pero también se comentaba mucho sobre Charles Darwin y su entonces novedosa teoría de la evolución.

Esos dos descubrimientos científicos, que Mary menciona en el prefacio de su obra, son las premisas para crear un libro en que se habla de crear vida en el siglo XIX, y de la responsabilidad del creador ante su obra viva.

Frankenstein inicia teniendo como primera persona a Roberto Walton, quién después escucha el relato de la creación del monstruo en voz de Victor Frankenstein.

Pues bien, es Walton quien menciona a México, mi país, en una parráfo acerca de efectos de que pueden tener los estudios en la personalidad del hombre:

Una persona normal debe mantener siempre una mente tranquila y pacífica, sin permitir que esa tranquilidad se vea jamás trastornada por la pasión o los deseos transitorios, sin que piense que la búsqueda del conocimiento sea una excepción a esta regla. Si el estudio a que usted se dedica tiende a debilitar sus afectos y a destruir su inclinación hacia los placeres sencillos en los que no puede mezclarse contaminación alguna, entonces ese estudio es inmoral e inconveniente para la mente humana. Si siempre se observara esta regla, si ningún hombre permitiese que ambición alguna se interpusiera en la tranquilidad de sus afectos domésticos, Grecia no hubiese sido esclavizada, César habría conservado su país, América sería descubierta más gradualmente y los imperios de México y el Perú no habrían sido destruidos.


En otras palabras, si la humanidad no fuera ambiciosa, la tranquilidad fuera la meta de cada uno de los hombres y todos tuviéramos inclinación a los placeres sencillos, entonces, nuestra raza de bronce seguiría viva, nuestra lengua oficial sería el náhuatl, nuestra arquitectura dominante sería algo como loft-piramidal, y Armando Ramírez y la India María serían los prototipos del estilo fashion-nacó.

Por otro lado, si fuera cierto que Si el estudio a que usted se dedica tiende a debilitar sus afectos y a destruir su inclinación hacia los placeres sencillos en los que no puede mezclarse contaminación alguna, entonces ese estudio es inmoral e inconveniente para la mente humana, entonces, casi todos mis cuates de PCM se dedican a asuntos inmorales e inconvenientes pues internet, el cómputo y, en especial, Linux, han debilitado sus afectos al convertirlos casi en autistas, no son afectos a los placeres sencillos (matar e diestra y siniestra jugando Quake contra diez cabrones, algunos de ellos con un six de chelas entre pecho y espalda, en una red local armado ex profeso, y por más de 12 horas, no es indicio de sencillez mental, de ninguna manera).

Sin embargo, la sola mención de México en un clásico como Frankenstein me llenó de orgullo y me hubiera puesto de pie a cantar Cielito Lindo sino fuera porque en el momento en que leí ese párrafo estaba dentro de un Metrobús atestado de gente.

domingo, 10 de diciembre de 2006

Estética del Caos

Este texto lo escribí con el propósito en enviarlo a un concurso de ensayo que organizó la extinta estación de radio Rock 101. Nunca lo envíe al concurso, pues nunca lo concluí. De hecho acaba abruptamente, no tengo la más mínima idea de la fecha en que lo escribí, pero debe tener más de 15 años de antigüedad.
No quise terminarlo, ni corregirlo. Sería traicionar un poco mi propia historia.

-------------- Inicio del ensayo --------------------------
La estética del caos
¿O debería ser el caos de la estética? No lo sé. El
rockúnico motivo para escribir el presente texto es ese: el que
sea rockero y único. Rockero por las razones que serán obvias al
leer este texto. Único porqué no ha existido otro semejante en
las letras hispánicas desde que se relataron las andanzas de Ruy
Díaz de Vivar, y no existir nada similar aun en los tiempos
postpostpostmodernos.
¿Por qué gastar los precioso momentos de esta cálida noche
de verano en escribir sobre el caos y su belleza cuando podría
estar con ella, dándole sentido a esta entrópica existencia? Por
dos razones: porque de ella me separan decenas de kilómetros y
porque el cuerpo debe dejarle sus tiempos fuera al espíritu. Así
que, en su ausencia, vayan estos pensamientos sobre el movimiento
perpétuo.
Decíamos que la estática del caos es la ausencia de
movimiento debido a que la suma de fuerzas sobre el caos es igual
a cero.­­­­Perdón!!!! No es la estática sino la estética la que
nos debe preocupar ahora. Continuamos. La estética del rock me
lleva al caos al tratar de entender como es que, ante una
definición que no haré explícita por ser esta una tarea
imposible, bajo el influjo de la palabra mágica TODO, si TODO se
vuelve rock, roca, roza, rosa, ave Roc: ­Por favor ¡créemelo! He
escuchado a través de la frecuencia 101 una tonada que dice "uno,
dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, maaambo" y en ese
momento es como rock para mis oídos, en esos instantes se me cae
toda la estructura estético-musical-histórico-popular y ¡el mambo
se vuelve rock!, ¡me invade el caos!, confundo a Pérez Prado con
Bruce Springsteen. Es cuando la luz llega a mí y comprendo porque
a Los Caifanes los premiaron como el mejor grupo de música
tropical. Es simplemente una muestra de que el caos lo domina
todo, de que el rock es la suma de todas las cosas, que pretender
poner orden en este movimiento que lo inunda todo es inútil: lo
que estructuremos hoy, el caos lo revolverá mañana.
¿Te has preguntado por qué Penny Lane es rock, por qué Samba
pa' ti es rock, por qué Rapsodia Bohemia es rock? No lo hagas. Tu
mente entrará en un estado de confusión tal que acabarás amando
un solo de redoba tanto como el gran solo de bateria de In a Gada
Da Vida. Debes anteponer el caos ante cualquier análisis
estético: esto es rock porque así me suena, aunque no escuche una
sola guitarra eléctrica y en el fondo existan tantos violines
acompañando a las voces que dicen "All you need is love"
Así, debe ser claro que el caos es bello, es estético, tiene
un gran encanto. El caos, el desorden, es un símbolo de vida, de
cambio, de movimiento. Cuando ...
----------------------- Fin del ensayo ------------------