Me precio de ser un ateo irredento, sin embargo hoy leí el evangelio por teléfono.
Hoy en la mañana Lala, mi novia, y yo fuimos a almorzar pancita y migas en las cercanías del Mercado de Beethoven, en Peralvillo, y después a comprar algunos materiales para hacer algunos regalos que daremos por la Navidad.
Enter otras cosas compró cuatro velas que le hacía falta para su corona de
Adviento.
-- ¿Corona de Adviento? ¿Qué es eso? -- le pregunté.
-- Es un arreglo hecho con ramas, el cual lleva cuatro velas, uno por cada uno de los cuatro domingos previos a la Navidad. Hoy debo prender la primera de las velas, y leer el Evangelio del día.
Compró cuatro hermosas velas de cera con apariencia metálica y ya no hablamos más del asunto.
Horas después se fue a Metepec, después de regalarme un fabuloso fin de semana.
Al llamarla en la noche le pedí que me contara que había hecho con la corona.
-- Pues Anita y yo pusimos las velas en la corona que tenía guardada de navidades pasadas, pero no pudimos leer el Evangelio debido a que no sabemos cual toca hoy.
Le dije que me podría conectar a internet (aprovechando que ya tengo Infinitum en casa) para investigar cual era el Evangelio del día.
En pocos segundos puedo encontrar lo que buscaba:
1er. Domingo de Adviento, Año A | Mateo 24:37-44 | Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre
Lo cual le leí a Lala por teléfono.
-- ¡Fabuloso! -- me dijo --- ¿Tienes también el Evangelio?
-- No, pero si quieres te lo busco, no tardaré nada.
-- ...
-- Listo, ya lo tengo.
-- ¿Lo podrías leer? Voy a poner el auricular para que Anita lo escuche también, espera.
Y así fue como, por primera vez en mi vida, leí en voz alta un
evangelio para alguien más.
Eso no puso en duda mi ateismo y estoy seguro que a Lala y a Anita no les importó que un agnóstico, por teléfono y con apoyo de la red, les permitiera completar su ceremonia que ya huele a Navidad.
Lo hice por amor y con todo el respeto que me merece su catolicismo.