sábado 20 de febrero de 2010
Gracias Eliza
-- Hay días en que después de hablarles o escribirles me invade una sensación de vacío.
-- ¿Hablarles o escribirles a quién? ¿A nosotros?
-- Sip
-- O sea, ¿cuando no recibes respuestas?
-- No, el no recibir respuesta no es el problema. Si nadie me contesta de inmediato simplemente pienso que nadie hizo caso de mi mensaje o que escribí ese post en las horas en que la mayoría duerme. Yo escribo a partir de las una de la mañana, ya lo sabes.
-- Sí, eres una ave nocturna, una rara avis diría yo. Así que esa sensación de vacío, la sientes al escribir. ¿No será la certeza de la inutilidad de dirigirte a una pantalla, a una maquina? Tal vez sea mejor que ese mensaje, esa idea, ese reclamo lo hagas frente a un rostro humano. Los gestos, la expresión que provoques en el otro seguramente provocará que te sientas escuchada y comprendida.
-- No lo creo. Si duermo todo el día es para evitar ver esas caras; para poder concentrarme en mí misma y leer, escuchar música y poner en papel mis más hondos pensamientos. Los rostros me distraen, me hacen pensar en todos y cada uno de los rostros que he visto en mi vida: en la calle, en el autobús, en el cine, en todos lados. Los rostros mientes, cambian, no dicen mucho de sus dueños. Creo más en las manos, en su forma y movimientos. Me dicen más que unos ojos o una bocas. La gente no miente con las manos. Conozco más a la gente si veo sus manos cuando hablan, o incluso mi conocimiento de ellos es más profundo viendo lo que dicen en la red. Prefiero leerlos que escucharlos o ver sus caras.
-- Sin embargo me has platicado que en algunas reuniones pareces disfrutar de la compañía de tus amigos. No te percibo como una persona que evite del todo el contacto humano.
-- ¡Claro que no! El contacto con la gente me es indispensable. Convivir de vez en cuando con la gente es bueno. El poder hablar con alguien es divertido. La gente suele pensar, decir cosas con sentido; bueno, casi todos ellos. La gente me da opiniones sobre mí, sobre mi vida, me dice cosas acerca de mí que en las cuales no había reparado. Con la gente puedo hacer el amor. No podría vivir sin sexo. Necesito tener sexo al menos una vez cada mes. El sexo me interesa mucho. La gente, los hombres, son fabulosos para el sexo.
-- ¿Y tu le das algo a esa gente? Digo, algo más que algunos posts en Twitter o Facebook, o algunos mails que seguramente mandas.
-- Si, a algunos hombres les gusta tener sexo conmigo. Incluso alguna mujeres me lo han pedido, pero no me interesa. Me gustan los penes. Me gusta que un macho me acaricie, me penetre. ¿Qué le doy a la gente? Mi opinión. Les recomiendo libros, critico los libros que han leído. En ocasiones escucho la música de la gente y aprendo. Y me da gusto y se los digo. Y les gusta que alguien comparta sus gustos. Eso le doy a la gente. La gente, en la vida real y en la red, quiere saber que existe alguien, del otro lado del mundo, a veces un total desconocido, a quien les guste la misma música. Que exista alguien que vibre con la misma canción, con el mismo poema, con la misma fotografía. Saber que tenemos algo en común con alguien nos llena de alegría, nos hace sentir acompañados. Hasta puede darle sentido a una vida completa.
-- ¿Y el amor? ¿No llenaría ese vacío un poco de amor? Digo, un amor de pareja, un hombre.
-- Si, pero el amor es efímero. Cuándo inicio una relación, y he tenido más de una, siempre tengo la certeza de su fin, de que acabará algún día, de su débil realidad. Sé que no será eterno, que acabará dejando un vacio también. No puedo enamorarme cada día, ni pensar en el amor cada segundo en que permanezco despierta. En cambio el tener quinientos o más amigos en la red es como exponerte a una brisa de cariño, a veces de amor, por muy efímero o mínísculo que pueda parecer. La suma de todos esos amores atómicos puede ser mayor que un amor de novela rosa.
-- ¿Y al escribir? ¿Al escribir fuera de la red también sientes ese vacío?
-- No, bueno sí, pero de manera diferente. Cuando se escribe literatura, o algo realmente extenso, uno no espera una respuesta inmediata. Incluso a veces no estoy segura de que ese poema, de que ese cuento será leído o comprendido por alguien. El vacio se siente por el hecho de haber sacado algo del alma, del cerebro. Algo que teníamos que decir, que era necesario poner por escrito para entenderlo o exorcisarlo. Es un vacio bueno.
-- ¿Y con los mails?
-- Tampoco. El vacío llega de manera diferente, es de otro tipo. Ese vacío lo siento cuando refresco mi correo y no tengo ningún mensaje nuevo. A veces hasta el spam me indica que estoy viva. Y cada vez me escribe menos gente a mi correo. Creo que todo mundo prefiere la inmediatez. Twitter y Facebook me gustan por esa razón. Incluso el hecho de leer mensajes que no viene dirigidos a mí me reconforta. Es común que escuche la música o vea los videos que no me tienen como destinataria: hasta he encontrado cosas interesantes en ese mar de basura, tedio y mal gusto. He pasado horas picando la tecla que refresca mi correo. Es una manera de solicitar atención, casi de pedir auxilio. ¿Estaré enferma?
-- Sonia, lo siento, tu tiempo de ha acabado. Son las cuatro horas del 27 de marzo de 2013. Tu saldo actual es de dos mil ochocientos diez pesos, la sesión actual tuvo en cargo de quinientos cuarenta y tres pesos. Gracias por usar el sistema de ciberterapia en tiempo real. Sabes que NO puedes llamarnos antes de 48 horas, aunque puedes feisbuquearme o tuitearme una vez al día. Recuerda tener contacto directo y real con humanos al menos una vez al día. Adiós.
-- Bye Eliza, gracias.
-- ¿Hablarles o escribirles a quién? ¿A nosotros?
-- Sip
-- O sea, ¿cuando no recibes respuestas?
-- No, el no recibir respuesta no es el problema. Si nadie me contesta de inmediato simplemente pienso que nadie hizo caso de mi mensaje o que escribí ese post en las horas en que la mayoría duerme. Yo escribo a partir de las una de la mañana, ya lo sabes.
-- Sí, eres una ave nocturna, una rara avis diría yo. Así que esa sensación de vacío, la sientes al escribir. ¿No será la certeza de la inutilidad de dirigirte a una pantalla, a una maquina? Tal vez sea mejor que ese mensaje, esa idea, ese reclamo lo hagas frente a un rostro humano. Los gestos, la expresión que provoques en el otro seguramente provocará que te sientas escuchada y comprendida.
-- No lo creo. Si duermo todo el día es para evitar ver esas caras; para poder concentrarme en mí misma y leer, escuchar música y poner en papel mis más hondos pensamientos. Los rostros me distraen, me hacen pensar en todos y cada uno de los rostros que he visto en mi vida: en la calle, en el autobús, en el cine, en todos lados. Los rostros mientes, cambian, no dicen mucho de sus dueños. Creo más en las manos, en su forma y movimientos. Me dicen más que unos ojos o una bocas. La gente no miente con las manos. Conozco más a la gente si veo sus manos cuando hablan, o incluso mi conocimiento de ellos es más profundo viendo lo que dicen en la red. Prefiero leerlos que escucharlos o ver sus caras.
-- Sin embargo me has platicado que en algunas reuniones pareces disfrutar de la compañía de tus amigos. No te percibo como una persona que evite del todo el contacto humano.
-- ¡Claro que no! El contacto con la gente me es indispensable. Convivir de vez en cuando con la gente es bueno. El poder hablar con alguien es divertido. La gente suele pensar, decir cosas con sentido; bueno, casi todos ellos. La gente me da opiniones sobre mí, sobre mi vida, me dice cosas acerca de mí que en las cuales no había reparado. Con la gente puedo hacer el amor. No podría vivir sin sexo. Necesito tener sexo al menos una vez cada mes. El sexo me interesa mucho. La gente, los hombres, son fabulosos para el sexo.
-- ¿Y tu le das algo a esa gente? Digo, algo más que algunos posts en Twitter o Facebook, o algunos mails que seguramente mandas.
-- Si, a algunos hombres les gusta tener sexo conmigo. Incluso alguna mujeres me lo han pedido, pero no me interesa. Me gustan los penes. Me gusta que un macho me acaricie, me penetre. ¿Qué le doy a la gente? Mi opinión. Les recomiendo libros, critico los libros que han leído. En ocasiones escucho la música de la gente y aprendo. Y me da gusto y se los digo. Y les gusta que alguien comparta sus gustos. Eso le doy a la gente. La gente, en la vida real y en la red, quiere saber que existe alguien, del otro lado del mundo, a veces un total desconocido, a quien les guste la misma música. Que exista alguien que vibre con la misma canción, con el mismo poema, con la misma fotografía. Saber que tenemos algo en común con alguien nos llena de alegría, nos hace sentir acompañados. Hasta puede darle sentido a una vida completa.
-- ¿Y el amor? ¿No llenaría ese vacío un poco de amor? Digo, un amor de pareja, un hombre.
-- Si, pero el amor es efímero. Cuándo inicio una relación, y he tenido más de una, siempre tengo la certeza de su fin, de que acabará algún día, de su débil realidad. Sé que no será eterno, que acabará dejando un vacio también. No puedo enamorarme cada día, ni pensar en el amor cada segundo en que permanezco despierta. En cambio el tener quinientos o más amigos en la red es como exponerte a una brisa de cariño, a veces de amor, por muy efímero o mínísculo que pueda parecer. La suma de todos esos amores atómicos puede ser mayor que un amor de novela rosa.
-- ¿Y al escribir? ¿Al escribir fuera de la red también sientes ese vacío?
-- No, bueno sí, pero de manera diferente. Cuando se escribe literatura, o algo realmente extenso, uno no espera una respuesta inmediata. Incluso a veces no estoy segura de que ese poema, de que ese cuento será leído o comprendido por alguien. El vacio se siente por el hecho de haber sacado algo del alma, del cerebro. Algo que teníamos que decir, que era necesario poner por escrito para entenderlo o exorcisarlo. Es un vacio bueno.
-- ¿Y con los mails?
-- Tampoco. El vacío llega de manera diferente, es de otro tipo. Ese vacío lo siento cuando refresco mi correo y no tengo ningún mensaje nuevo. A veces hasta el spam me indica que estoy viva. Y cada vez me escribe menos gente a mi correo. Creo que todo mundo prefiere la inmediatez. Twitter y Facebook me gustan por esa razón. Incluso el hecho de leer mensajes que no viene dirigidos a mí me reconforta. Es común que escuche la música o vea los videos que no me tienen como destinataria: hasta he encontrado cosas interesantes en ese mar de basura, tedio y mal gusto. He pasado horas picando la tecla que refresca mi correo. Es una manera de solicitar atención, casi de pedir auxilio. ¿Estaré enferma?
-- Sonia, lo siento, tu tiempo de ha acabado. Son las cuatro horas del 27 de marzo de 2013. Tu saldo actual es de dos mil ochocientos diez pesos, la sesión actual tuvo en cargo de quinientos cuarenta y tres pesos. Gracias por usar el sistema de ciberterapia en tiempo real. Sabes que NO puedes llamarnos antes de 48 horas, aunque puedes feisbuquearme o tuitearme una vez al día. Recuerda tener contacto directo y real con humanos al menos una vez al día. Adiós.
-- Bye Eliza, gracias.
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lunes 24 de agosto de 2009
El cartero de Neruda
Hace una semana me quedé sin lecturas pendientes, así que decidí que ya era tiempo de visitar la pequeña librería de viejo (La Nave de Ulises) que había visto a unas cuantas cuadras de nuestra casa en Metepec.
Tuve suerte pues el surtido de novelas es muy bueno. Después de buscar un poco me decidí por dos de ellas: El Cartero de Neruda (Ardiente Paciencia) de Antonio Skármeta y Manhattan Transfer de John Dos Passos.
De Skármeta ya había leído La Velocidad del Amor, y me pareció bastante aceptable, sin parecerme una obra grandiosa.
"El Cartero de Neruda", la película, la vi hace más de diez años, y de ella guardo bellos recuerdos además de un disco con el soundtrack.
No, no reseñaré el libro. Sólamente me limitaré a recomendártelo sin reservas si te gusta la poesía, en particular la de Neruda. Lo que haré es, simplemente, transcribir algunos párrafos que me gustaron en especial, que muestran el humor y el tono de esa novela.
Beatriz, la muchacha que nuestro cartero enamora en la novela, tiene un diálogo con su madre acerca de las metáforas que le he dicho Mario, el personaje principal:
Más adelante, en una fiesta para celebrar el Premio Nobel de Literatura que se había entregado ese mismo día en Estocolmo a Neruda, Mario organiza una fiesta. Lo que más me llamó la atención fueron las bien seleccionadas piezas que intepretó el grupo musical que amenizó el convivio:
Ya casi al cerrar la novela Mario le pregunta a Neruda:
No pude contener la curiosidad y busqué, con éxito, la canción que realmente se llama La Merluza, la cual resultó ser de Carlos Puebla:
Para los muy jóvenes que no hayan gozado de un sabroso baile al ritmo de Mike Laure y sus Cometas les dejo una muestra de lo que se han perdido:
Tuve suerte pues el surtido de novelas es muy bueno. Después de buscar un poco me decidí por dos de ellas: El Cartero de Neruda (Ardiente Paciencia) de Antonio Skármeta y Manhattan Transfer de John Dos Passos.
De Skármeta ya había leído La Velocidad del Amor, y me pareció bastante aceptable, sin parecerme una obra grandiosa.
"El Cartero de Neruda", la película, la vi hace más de diez años, y de ella guardo bellos recuerdos además de un disco con el soundtrack.
No, no reseñaré el libro. Sólamente me limitaré a recomendártelo sin reservas si te gusta la poesía, en particular la de Neruda. Lo que haré es, simplemente, transcribir algunos párrafos que me gustaron en especial, que muestran el humor y el tono de esa novela.
Beatriz, la muchacha que nuestro cartero enamora en la novela, tiene un diálogo con su madre acerca de las metáforas que le he dicho Mario, el personaje principal:
-- Mijita, no me cuente más. Estamos frente a un caso muy peligroso. Todos los hombres que primero tocan con la palabra, después llegan más lejos con las manos.
-- ¡Qué van a tener de malo las palabras! --dijo Beatriz abrazándose a la almohada.
-- No hay peor droga que el bla-bla. Hace sentir a una mesonera de pueblo como una princesa veneciana. Y después, cuando viene el momento de la verdad, la vuelta a la realidad, te das cuenta que las palabras son un cheque sin fondos. !Prefiero mil veces que un borracho te toque el culo en el bar, a que te digan que una sonrisa tuyas vuela más alto que una mariposa!
...
-- Yo se cuidarme.
-- ¡Qué va a saber cuidarse usted! Así como la estoy viendo acabaría con el roce de una uña. Y acuérdese que yo leía a Neruda mucho antes que usted. No sabré yo que cuando los hombres se calientan, hasta el hígado se les pone poético.
...
-- Neruda es una persona seria. !Va a ser presidente!
-- Tratándose de ir a la cama no hay ningúna diferencia entre un presidente, un cura o un poeta comunista. ¿Sabes quien escribió "amo el amor de los marinos que besan y se van, Dejan una promesa, no vuelven nunca más"?
-- ¡Neruda!
-- Claro, pu, Neruda! ¿Y te quedas tan chicha fresca?
-- ¡Mamá!
...
-- ¡Esto es ridículo! ¡Porque un hombre me dijo que la sonrisa me aleteaba en la cara como una mariposa, tengo que irme a Santiago!
-- ¡No seas pajarona! --reventó también a madre-- ¡Ahora tu sonrisa es una mariposa, pero mañana tus tetas van a ser dos palomas que quieren ser arrulladas, tus pezones van a ser dos jugosas frambuesas, tu lengua va a ser la tibia alfombra de los dioses, tu culo va a ser el velamen de un navío, y la cosa que ahora te humea entre las piernas va a ser el horno azabache donde se forja el erguido metal de la raza! ¡Buenas noches!
Más adelante, en una fiesta para celebrar el Premio Nobel de Literatura que se había entregado ese mismo día en Estocolmo a Neruda, Mario organiza una fiesta. Lo que más me llamó la atención fueron las bien seleccionadas piezas que intepretó el grupo musical que amenizó el convivio:
... El ensayo tuvo lugar en el tablado de la hostería, y todo el mundo supo de antemano, que para la noche se bailaría La vela, Poquita fe, por presion de la viuda, la cual se sentía más a tono con los temas calugas, y con el rubro zangoloteo de los inmortales Tiburón, tiburón, Cumbia de Macondo, Lo que pasa es que la banda está borracha y --menos por audaz cargosería del compañero Rodriguez que por distracción de Mario Jimenez-- No me digas que merluza no, Maripusa.
Ya casi al cerrar la novela Mario le pregunta a Neruda:
-- ¿Cómo se siente, don Pablo?
-- Moribundo, aparte de eso, nada grave.
No pude contener la curiosidad y busqué, con éxito, la canción que realmente se llama La Merluza, la cual resultó ser de Carlos Puebla:
La Merluza
No me digas que merluza no,
maricusa,
que yo sí como merluza.
Cómo me vas a decir
que la merluza no es buena
si la merluza me llena
la alegría de vivir.
Y si le da indigestión
a ese Mercurio famoso
le recomiendo al goloso
buen purgante y discreción.
Anda diciendo el bribón
con voz que viene de USA
que no es buena la merluza
pero él no tiene razón.
Y me dice el barrigón
que el pescado es moscovita
y está afilando el hachita
contra la revolución.
Tiene está definición
del caso de la merluza.
Más merluza, maricusa
para que rabie el patrón.
Carlos Puebla
Para los muy jóvenes que no hayan gozado de un sabroso baile al ritmo de Mike Laure y sus Cometas les dejo una muestra de lo que se han perdido:
martes 21 de julio de 2009
Letreros
Dirigido por Patrick Huges y fusilado del nuevo blog de Lazarus (http://faehin.blogspot.com/).
sábado 18 de julio de 2009
Amor de película
El suyo fue un amor de película: duró menos de dos horas y fueron felices para siempre.
martes 7 de julio de 2009
Llora idiota
Escuché su pasos que se acercaban. El picaporte giró, y apareció ella tras la vieja puerta de madera. Vestía sus eternos jeans deslavados. Su pelo, largo y suelto, hermosamente castaño, le cubría casi toda la cara. Había estado llorando.
No me miró a la cara. Su ojos apuntaban a la alfombra que nos sirvió varias, muchas veces como lecho.
Sólo se me ocurrió decir:
-- Hola, gracias por recibirme – Me sorprendió escuchar mi voz tan baja, tan insegura.
-- Es lo mínimo que puedo hacer por ti, por nosotros. Toma asiento – me dijo señalando la sala. Su voz trataba de ser neutra.
Es extraña la sensación de sentirse invitado en la que alguna vez consideré mi casa, mi refugio, mi lugar.
Ocho meses fuera. Ocho meses envuelto en la vorágine de un nuevo amor, de una nueva vida, de unos labios diferentes, de un sexo nuevo, de distintas maneras de amar y amanecer.
-- ¿Quieres café o cerveza? Creo que todavía existe la de Sauza Hornitos ¿la recuerdas?
Claro que la recordaba, yo la compré aquella noche, la fatídica, la última. La lleve pues sabía que dos o tres tragos de tequila me darían valor para hacer lo que hice. Al final ambos tomamos de la misma copa, con los ojos llenos de lágrimas y el alma llena de lodo.
-- Si, dame un poco. ¿tienes limones?
-- Si en el refri debe haber algunos. No he dejado esa buena costumbre de tenerlos siempre a la mano. También tengo sangrita. ¿quieres?
Si también le enseñé a tomar tequila, con sal, limón y sangrita de La Viuda.
Llevó todo a la sala y se sentó frente a mi, los codos sobre sus rodillas, las manos enmarcando su bella cara, dispuesta a escucharme. Su mirada reflejaba una extraña mezcla de interés, odio, soledad y amor.
Lo dije, sin preámbulos:
-- Quiero regresar contigo. Fracasé. Me equivoqué. Creo que te sigo amando, que nunca dejé de hacerlo.
-- ¿Fracasaste? ¿Eso es todo? -- Me dijo con un rictus de llanto que la hacia verse como una niña de cinco años a quien se le ha muerto su mascota.
-- Si. Eso es todo. Y es mucho. Me siento solo, fracasado
-- ¿La sigues amando?
La miré a los ojos. No podía mentirle, no otra vez.
-- No sé. Tal vez todo se reduzca a que hirió mi inmenso ego, pero estoy muy confundido. Tal vez la sigo amando, me siento muy dolido.
Se levantó, me dio la espalda y su llanto aumentó.
-- Supe que te dejó. Sé que al principio te decía que te quería más que yo. ¿Deveras lo creíste? Me juraste que serías feliz con ella. ¿Y sabes qué? -- empezó a gritar y voltéo hacia mi -- ¡No me lo cumpliste! ¡Te odio!
Avanzó hacia mi súbitamente, en dos zancadas ya estaba casi enfrente de mi. Me puse de pié para defenderme pero llegó a mi con lo brazos abiertos, me abrazó y siguió llorando, ahora en mi hombro.
-- ¿Recuerdas que me leías a Benedetti, a Neruda, a Sabines? -- Me preguntaba, tomando mi cabeza y moviéndola de un lado a otro.
No me salían respuestas de la boca.
-- ¿Recuerdas que me decías que siempre podría contar contigo, que en la calle éramos mucho más que dos, y que te gustaba cuando yo callaba? Y sabes ¡te fuiste con ella! ¿Deveras pensaste que te amaba más que yo? ¡Pendejo!
Me besó bruscamente, me mordió el labio superior. Me abrazó como una madre que recupera a un hijo extraviado.
--¿La amas? ¿La extrañas?¿Te duele el corazón por su ausencia? ¿Verdad que siempre supiste que te estaba esperando?
Era más de lo que me hubiera imaginado. Todo me parecía una locura, totalmente insano.
-- Llora, llora por ella, por mi, por ti – Me decía besando mi cara, llorando, gimiendo.
No me daba oportunidad de hablar. Empecé a llorar con ella.
-- ¿Quién podría amarte más que yo? ¿Quién sufrir contigo, por ti? Yo quiero ser el bálsamo para estos momento de dolor. Quiero tomar tu dolor y sufrirlo yo, tanto así te amo.
Ella no podía parar de hablar y yo de asustarme cada vez más. Ambos llorando como niños.
-- Tu sabes que puedes irte al fin del mundo. Largarte a Tijuana, a Buenos Aires, al fin del mundo, a dónde quieras, a dónde creas que vas a encontrarte a ti mismo, hasta que sepas que diablos quieres hacer con tu pinche vida. Pero, ¿sabes? Sólo hay algo que debes aprender, algo que debe quedarte claro, sin importar con que putas te acuestes: que existe una mujer que te está esperando aquí, en esta ciudad de mierda. Que alguna vez en tu vida debes ser de una sola mujer y que estés dónde estés, en ese pinche momento en que te des cuenta de que esa mujer soy yo, te dejes de chingaderas y te quedes conmigo hasta la muerte o el hartazgo.
Yo seguía llorando. Amaba a otra pero esta mujer me estaba mostrando su corazón sangrante en la palma de su mano.
-- Llora idiota, sácala de tu cabeza, de tu sexo, de tu vida. Si aun tienes lágrimas que llorarle quiero que las saques todas ahora, que las derrames sobre mi hombro hasta que te des cuenta que lo mejor que puedes hacer es volverme a amar como al principio. Que conmigo siempre tendrás todo lo que quieras, que haré todo lo que me pidas, por más absurdo que parezca, por más humillante que pueda ser para otra menos enamorada y menos estúpida que yo.
Me tomé mi tequila de un trago. Sin sal, sin limón. Sin el protocolo que suelo hacer en las cantinas. Esta vez quería sólo el efecto. Quería dejar de oírla. Dejar de saber de ese amor tan asfixiante, tan enfermo, tan dependiente.
Me habría quedado si en lugar de tantas palabras de amor me hubiera recibido a cachetadas, a mentadas. Eso es lo que yo merecía.
Tomé la botella de Hornitos. Le di un trago grande y se lo escupí en la cara.
Dejó de hablar y empezó a gritar.
-- ¡No te vayas!
Tomé un par de limones, el salero y salimos, el tequila y yo, con rumbo desconocido.
No me miró a la cara. Su ojos apuntaban a la alfombra que nos sirvió varias, muchas veces como lecho.
Sólo se me ocurrió decir:
-- Hola, gracias por recibirme – Me sorprendió escuchar mi voz tan baja, tan insegura.
-- Es lo mínimo que puedo hacer por ti, por nosotros. Toma asiento – me dijo señalando la sala. Su voz trataba de ser neutra.
Es extraña la sensación de sentirse invitado en la que alguna vez consideré mi casa, mi refugio, mi lugar.
Ocho meses fuera. Ocho meses envuelto en la vorágine de un nuevo amor, de una nueva vida, de unos labios diferentes, de un sexo nuevo, de distintas maneras de amar y amanecer.
-- ¿Quieres café o cerveza? Creo que todavía existe la de Sauza Hornitos ¿la recuerdas?
Claro que la recordaba, yo la compré aquella noche, la fatídica, la última. La lleve pues sabía que dos o tres tragos de tequila me darían valor para hacer lo que hice. Al final ambos tomamos de la misma copa, con los ojos llenos de lágrimas y el alma llena de lodo.
-- Si, dame un poco. ¿tienes limones?
-- Si en el refri debe haber algunos. No he dejado esa buena costumbre de tenerlos siempre a la mano. También tengo sangrita. ¿quieres?
Si también le enseñé a tomar tequila, con sal, limón y sangrita de La Viuda.
Llevó todo a la sala y se sentó frente a mi, los codos sobre sus rodillas, las manos enmarcando su bella cara, dispuesta a escucharme. Su mirada reflejaba una extraña mezcla de interés, odio, soledad y amor.
Lo dije, sin preámbulos:
-- Quiero regresar contigo. Fracasé. Me equivoqué. Creo que te sigo amando, que nunca dejé de hacerlo.
-- ¿Fracasaste? ¿Eso es todo? -- Me dijo con un rictus de llanto que la hacia verse como una niña de cinco años a quien se le ha muerto su mascota.
-- Si. Eso es todo. Y es mucho. Me siento solo, fracasado
-- ¿La sigues amando?
La miré a los ojos. No podía mentirle, no otra vez.
-- No sé. Tal vez todo se reduzca a que hirió mi inmenso ego, pero estoy muy confundido. Tal vez la sigo amando, me siento muy dolido.
Se levantó, me dio la espalda y su llanto aumentó.
-- Supe que te dejó. Sé que al principio te decía que te quería más que yo. ¿Deveras lo creíste? Me juraste que serías feliz con ella. ¿Y sabes qué? -- empezó a gritar y voltéo hacia mi -- ¡No me lo cumpliste! ¡Te odio!
Avanzó hacia mi súbitamente, en dos zancadas ya estaba casi enfrente de mi. Me puse de pié para defenderme pero llegó a mi con lo brazos abiertos, me abrazó y siguió llorando, ahora en mi hombro.
-- ¿Recuerdas que me leías a Benedetti, a Neruda, a Sabines? -- Me preguntaba, tomando mi cabeza y moviéndola de un lado a otro.
No me salían respuestas de la boca.
-- ¿Recuerdas que me decías que siempre podría contar contigo, que en la calle éramos mucho más que dos, y que te gustaba cuando yo callaba? Y sabes ¡te fuiste con ella! ¿Deveras pensaste que te amaba más que yo? ¡Pendejo!
Me besó bruscamente, me mordió el labio superior. Me abrazó como una madre que recupera a un hijo extraviado.
--¿La amas? ¿La extrañas?¿Te duele el corazón por su ausencia? ¿Verdad que siempre supiste que te estaba esperando?
Era más de lo que me hubiera imaginado. Todo me parecía una locura, totalmente insano.
-- Llora, llora por ella, por mi, por ti – Me decía besando mi cara, llorando, gimiendo.
No me daba oportunidad de hablar. Empecé a llorar con ella.
-- ¿Quién podría amarte más que yo? ¿Quién sufrir contigo, por ti? Yo quiero ser el bálsamo para estos momento de dolor. Quiero tomar tu dolor y sufrirlo yo, tanto así te amo.
Ella no podía parar de hablar y yo de asustarme cada vez más. Ambos llorando como niños.
-- Tu sabes que puedes irte al fin del mundo. Largarte a Tijuana, a Buenos Aires, al fin del mundo, a dónde quieras, a dónde creas que vas a encontrarte a ti mismo, hasta que sepas que diablos quieres hacer con tu pinche vida. Pero, ¿sabes? Sólo hay algo que debes aprender, algo que debe quedarte claro, sin importar con que putas te acuestes: que existe una mujer que te está esperando aquí, en esta ciudad de mierda. Que alguna vez en tu vida debes ser de una sola mujer y que estés dónde estés, en ese pinche momento en que te des cuenta de que esa mujer soy yo, te dejes de chingaderas y te quedes conmigo hasta la muerte o el hartazgo.
Yo seguía llorando. Amaba a otra pero esta mujer me estaba mostrando su corazón sangrante en la palma de su mano.
-- Llora idiota, sácala de tu cabeza, de tu sexo, de tu vida. Si aun tienes lágrimas que llorarle quiero que las saques todas ahora, que las derrames sobre mi hombro hasta que te des cuenta que lo mejor que puedes hacer es volverme a amar como al principio. Que conmigo siempre tendrás todo lo que quieras, que haré todo lo que me pidas, por más absurdo que parezca, por más humillante que pueda ser para otra menos enamorada y menos estúpida que yo.
Me tomé mi tequila de un trago. Sin sal, sin limón. Sin el protocolo que suelo hacer en las cantinas. Esta vez quería sólo el efecto. Quería dejar de oírla. Dejar de saber de ese amor tan asfixiante, tan enfermo, tan dependiente.
Me habría quedado si en lugar de tantas palabras de amor me hubiera recibido a cachetadas, a mentadas. Eso es lo que yo merecía.
Tomé la botella de Hornitos. Le di un trago grande y se lo escupí en la cara.
Dejó de hablar y empezó a gritar.
-- ¡No te vayas!
Tomé un par de limones, el salero y salimos, el tequila y yo, con rumbo desconocido.
miércoles 27 de mayo de 2009
Se libera el Google Maps API v3
Google ha anunciado la liberación de su API para Google Maps,lo cual significa un gran avance pues esta versión de clvos mases de JavaScript permite la inclusión de mapas en dispositivos móviles como iPhone y el G1 basado en Android.
La documentación se puede encontrar en http://code.google.com/intl/es-AR/apis/maps/documentation/v3/
Un ejemplo de lo que se puede hacer es el siguiente:
Pueden visitar Google Maps Mania para obtener mucha más información:
http://googlemapsmania.blogspot.com/2009/05/google-maps-api-v3-much-more.html
La documentación se puede encontrar en http://code.google.com/intl/es-AR/apis/maps/documentation/v3/
Un ejemplo de lo que se puede hacer es el siguiente:
<html>
<head>
<meta name="viewport" content="initial-scale=1.0, user-scalable=no">
<h3>Localización de las nuevas oficinas de Inteligentes.com</h3>
Por acá estaremos en Pedro Luis Ogazón 65, Planta Baja:
<p>
<script type="text/javascript"
src="http://maps.google.com/maps/api/js?sensor=false"></script>
<script type="text/javascript">
function initialize() {
var latlng = new google.maps.LatLng(19.350381, -99.187505);
var myOptions = {
zoom: 17,
center: latlng,
mapTypeId: google.maps.MapTypeId.ROADMAP
};
var map =
new google.maps.Map(document.getElementById("map_canvas"), myOptions);
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</html>
Pueden visitar Google Maps Mania para obtener mucha más información:
http://googlemapsmania.blogspot.com/2009/05/google-maps-api-v3-much-more.html
Google Web Elements: casi magia digital
Sí, se ha dicho que la magia y la tecnología son casi indistinguibles; eso es lo que me parecieron los Google Web Elements que menciona Tim O'Reilly en una artículo sobre el tema.
Uno de ellos es un widget que puede realizar búsquedas de manera automática en el sitio en dónde se coloca, casi sin ninguna configuración.
El otro me gustó más, se trata de un widget que permite dejar comentarios sobre la página en que se instala, sin tener que programar formularios, validar usuarios o tener una base de datos: toda la magia la hace Google.
Échale un ojo en el Radar de O'Reilly.
Uno de ellos es un widget que puede realizar búsquedas de manera automática en el sitio en dónde se coloca, casi sin ninguna configuración.
El otro me gustó más, se trata de un widget que permite dejar comentarios sobre la página en que se instala, sin tener que programar formularios, validar usuarios o tener una base de datos: toda la magia la hace Google.
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